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Torre San Rumoldo

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En 1452 partió la construcción de este imponente monumento malinense, una creación de la familia de arquitectos Keldermans. Sin embargo, el tiempo siempre trae sorpresas y la torre nunca se terminó de construir completamente.  Eso no quita que con sus 97 metros, se convirtiera en el símbolo de  Malinas.

La Torre de San Romuldo está reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Antes se conservaban aquí los más importantes documentos de la ciudad. La torre fortificada también servía de campanario, porque el enemigo se veía venir de lejos. Las campanas y la torre cumplián una doble función: indicaban la hora, pero a la vez  servían de alarma en caso de peligro.

Acercándote al cielo

Y aquí hay una buena noticia: la torre se puede visitar. Descubrirás seis salas, cada una con su propia función. Podrás admirar de cerca el reloj, que sigue funcionando, y dos carillones.  ¡Un privilegio único en Europa! Desde aquí tienes una vista panorámica de la Gran Plaza, la ciudad y los alrededores: un premio bien merecido después del esfuerzo de subir.

El carillón

Cuenta la leyenda que los malinenses siempre llegamos atrasados a todas partes. Digamos que llegamos a la hora “malinense”. ¡Nuestras disculpas! Por eso, en el S. XVIII se colgó de los cuatro costados de la Torre San Rumoldo el reloj de torre más grande del mundo. Las esferas eran gigantescas, más grandes que las del Big Ben en Londres. Sólo indicaban la hora. Para saber los minutos, había que escuchar el carillón.

Y lo seguimos haciendo hoy... El reloj ya no está, pero cada cuarto de hora el carillón toca una melodía. Además, entremedio, más precisamente cada siete minutos y medio, toca la campana. Este toque lo llamamos “la media malinense”. La más antigua de las campanas que existen hoy, datan del S. XVII. En 1981 la torre fue sometida a una profunda restauración, y se instaló un nuevo carillón. Todas las semanas se realizan diferentes conciertos de carillón, y cada cinco años la escuela de carillón organiza el concurso internacional de carillón Reina Fabiola.

Apagalunas

La noche del 27 al 28 de enero de 1687, una espesa niebla cubría la torre de San Rumoldo. Al salir de una posada de la Plaza Mayor, un juerguista bastante borracho vio que la torre ardía e inmediatamente dio la voz de alarma. El pánico cundió en la ciudad y el ayuntamiento, con el alcalde al frente, comenzó a organizar los trabajos de extinción. Los cubos de agua pasaban de mano en mano por las escaleras de la torre, pero justo antes de llegar al campanario, la luna apareció tras la niebla y el resplandor desapareció...

¡Los valientes malineses se dieron cuenta de que aquel rojizo resplandor brumoso que trataban de extinguir era la luna!

Por supuesto, trataron de ocultar este episodio, pero la noticia se difundió rápidamente por los pueblos vecinos y pronto comenzaron a llamarlos “apagalunas”, sobrenombre que todavía hoy conservan.